18 de marzo de 2009

Herencia

De mi padre heredé el amor a los perros
y de mi madre el odio a las perras.
También de ella heredé una no tan leve
predisposición a la ternura
y de mi padre dos tiernas nalgadas
cuando merecí un tiro en cada pierna.

A mi buen hijo mañana
le dejaré una pluma y un plato
para que imagine el resto.

7 comentarios:

  1. Qué gran poema, señor don. Ese final es de la ufa.

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  2. No sé si tiene mucho que ver, pero me hizo acordar al tema de Serrat...

    Te dejan sus herencias,
    te marcan un sendero,
    te dicen lo que es malo
    y lo que es bueno, pero...

    Ni los vientos son cuatro,
    ni siete los colores,
    y los zarzales crecen
    junto con las flores

    y el sol sólo es el sol si brilla en ti.
    La lluvia sólo lluvia si te moja al caer.
    Cada niño es el tuyo,
    cada hembra, tu mujer.


    Y no sea humilde... usté le va dejar mucho más que eso.
    Siempre es un deleite leerlo.
    Mi beso.

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  3. Hola Leandro! Al fin te encuentro!!! Desde que leí tu libro por completo (me lo firmaste en la presentación del libro de Roxana) estoy buscándote. Luego te daré mi comentario por correo. Este poema me gustó mucho. Más todavía, me dio ganas de escribir lo que heredé yo. (je)
    Un beso.

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  4. Yo creo que es genial.
    Me encantó. Aún más que la primera vez que lo leí en la antecesora pulpa leandresca.
    Y no estoy de acuerdo con eso de que los tres blogs de poesía del costado superior derecho sean mejores que éste.
    La humildá mató al gato y yo realmente, creo que prefiero al perro.
    Hey Malacara! Malacara! Soy yo, Malacara! Que hijaputez de poema!

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  5. ufa, yo quiero un Malacara =(

    Raquel, ¿vos sos Diana?

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