17 de mayo de 2009
Ufa
I
Sábado, 4 am
No soy tan afortunado como Ginsberg:
nunca tuve la capacidad de aullar. A diferencia de él
yo vi las mentes más opacas de mi generación
alcanzar la fama y el éxito, vi los intelectos más básicos
y elementales arrojar dardos de espuma
que acertaban el centro una y otra vez,
y me quedé callado.
Yo vi las miradas más adormecidas estrellarse
en la nada de otras miradas adormecidas
y vi a ambas miradas aplaudirse mutuamente
mientras la nada se estrellaba contra todo.
Pero ni un ladrido de mi parte.
Siempre en silencio vi fotos de esa nada, a mí me las mostraron
durante mucho tiempo. Esto es la nada, me dijeron,
pero hacé de cuenta que es todo. Y yo acepté convencido
levantando mi vaso de nesquik y bebí el azúcar
a la salud de mis amos, y con bigotes marrones seguí haciendo
mis sumas y mis restas mordiendo un lápiz,
de renglón en renglón.
Yo tuve siempre un miedo calvo y ojeroso
como el perro de Hobbes, un miedo blando y arrugado.
Tuve miedo en las discotecas de San Miguel,
los días sábado tuve miedo a los cuerpos de los otros seres,
a las zapatillas fosforescentes aplastando el suelo pegajoso
de esos antros, a los vasos crujiendo, a las risas deformes
orinando y vomitando en cada rincón.
Tuve miedo de mí mismo al encontrarme
hablándole a los gritos a nadie cosas que no necesitaba decir
pero que de algún modo eran anclas arrojadas sin desesperación
y sin sentido en una pecera de humo y tambores electrónicos,
en un mundo acuático sin agua, en un mundo calvo y ojeroso
como el miedo que tengo. Y ahora sé que este miedo no es otra cosa
que el terror a todo lo que nunca voy a saber.
Quiero quedarme en este lugar, donde no hay otro ni otros.
Quiero darme vuelta como si estuviese caminando
por la zona oscura de Tribulato, un sábado a las tres de la madrugada
y alguien de atrás me dijera eh, amigo. Darme vuelta sin detenerme
y sin darme vuelta, mirando de reojo. Quiero abrir la palma
de mi mano y hacer que el tiempo, a partir de ese momento,
siguiera ensanchándose hacia los costados.
Yo nunca supe aullar.
Al menos quiero vivir para contarlo.
II
Domingo, 9 am
No sé por qué tomo tanto café. Litros y litros
de café. Una taza a la mañana, otra a mediamañana
una después del almuerzo, otra en eso que los chilenos
llaman once y otra, la mejor de todas, bien tarde
con los ojos haciéndose agua antes de dormir.
Es raro. De chico nunca me gustó el café.
Y eso me hacía sentir mal. Prefería una taza
de té solo, como una nena. Seguramente
me esté haciendo hombre.
No, no puede ser. Apenas tengo veintisiete.
No sé por qué, cada tanto, me levanto con este dolor insoportable
en la espalda. Tengo el puño de alguien
incrustado en el homóplato. Puede ser el piano.
No, últimamente mis horas de estudio se redujeron
considerablemente, me siento al piano de a ratos
dispersos y desorganizados. Debe ser la computadora, sí.
Quedarme escribiendo, leyendo, manteniendo relaciones
con una foto. Y los genes. Y el café. Batir el café.
Yo no sé por qué me levanto un domingo a las nueve
habiendo dormido cinco horas y no sé, mientras bato
el café, por qué pongo el quinteto en fa menor de Brahms.
Sé lo que pasa cada vez que lo escucho. Algo en mi casa
o adentro mío queda destruído. Una silla, una idea.
Las ganas. Otra cosa que no me gustaba de chico
era el queso. Lo detestaba, hasta le tenía miedo, creo.
Miedo al queso. Y ahora me encanta.
Pero el miedo no se fue.
Mi gato juega con un par de botines que ya no uso.
De la época en que iba a ser jugador de fútbol.
El ruido de los tapones en el piso me saca de quicio.
Se los quito y él corre abajo de la cama. Sabio animal.
La puntada en el hombro al agacharme es dulce.
Segundo movimiento, ahora. Una vaca con flores en la boca
me observa feliz desde mi taza de café. Sabio animal.
Dicen que el café en exceso no hace bien. Dicen
que cualquier exceso es malo. Me parece algo idiota.
Hoy no me siento bien. Pero a veces sí me siento bien,
excesivamente bien. Y no me molesta en lo más
mínimo. Al contrario, podría, quisiera vivir en ese exceso.
No sé si hoy hay sol o está nublado.
Mi casa es oscura. Contrafrente.
Y hace frío como para subir las persianas.
Prefiero quedarme así. Prefiero esto.
Así no sé. Y me gusta. El tercer movimiento
del quinteto de Brahms es un scherzo, que significa
broma. Me río como Laura Dern en una de Lynch.
El puño en el hombro, el café. La música quiere
salirse de sí misma, Brahms quiere, yo quiero.
Mi gato no. Sabio animal. No sé por qué pienso esto:
me molestan mucho esos escritores que escriben sobre personas
que uno no conoce. Es como cuando en los programas
de televisión, o cuando los periodistas deportivos hacen chistes
internos en medio de la transmisión de un partido
de fútbol, chistes que sólo ellos entienden y que quizás
sean graciosísimos, vaya uno a saber, o como cuando uno va
a una reunión de amigos como acompañante de alguno
de ellos y se siente poco menos que un vaso
o un almohadón manchado y viejo. O como cuando
en cuarto grado, teníamos esa especie de juego
muy macabro. Yo fui víctima unas veces, al principio, y luego
cómplice a desgano. Antes de que se tocara el timbre
para entrar a clases los que iban llegando se complotaban
y el último en llegar era ignorado. El amiguito en cuestión
llegaba con su mochila a los hombros y su guardapolvo
y su sonrisa y entregaba uno o varios saludos sin obtener
respuesta alguna. Los demás se daban vuelta (yo me iba al baño
o me hacía el distraído, la culpa es una araña
demasiado grande y quieta) y los más seguros de sí mismos
realmente hacían de cuenta que el otro no existía.
Aún hoy, cada vez que saludo a alguien lo hago con miedo
a que me de vuelta la cara o a que se vaya al baño
haciéndose el distraído. La música sigue, el café ya está frío.
Ahora es el momento en que algo se destruye.
Que el puño de Brahms haga lo suyo. Será bueno
no cerrar lo ojos. Mi gato lo sabe. Sabio animal.
Y me mira fijo, con una mirada enorme y quieta.
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Limpié después, con mucho esmero, desagues antenas desechos, supe esperar, dijeron.
ResponderEliminar(no quiero que vuelva el miedo).
Uff. Me encantó. Placer.
ResponderEliminarQuejas:
1.Odio a ese "Maksim" y a todos los imbéciles que lo siguen a él y a otros tantos como él.
2.Odié "Coyote" en las épocas en que me dejaba ser arrastrada por los otros casi humanos de zapatillas fluorescentes. Ahí donde bailar no me saciaba y cantar no podía, y donde no me escuchaba ni siquiera a mi misma.
3. Las revistas, la farándula, los famosos con tetas y culos hechos. Con narices y bocas y vidas hechas. Falso falso falsos. Todos.
4. No me quejo de todo lo que nunca voy a saber que me da miedo. Y sentir miedo sobre eso no me pesa.
5. Odio llegar a mi casa un domingo y que no haya café, y que los bares y kioscos y supermercados y estaciones de servicio estén todos cerrados.
6. La crueldad de los familiares y amigos cuando uno es chico, cuando uno todavía es persona (y habitante).
7. Odio estar leyendo este poema sin la música que siento que escucho sin escuchar y necesito escuchar escuchando (en la realidad y no en el imaginario).
8. Amo que las cosas se destruyan cuando me miran fijo.
Amo poder escuchar.
Ves lo que lográs? La puta que te parió.
La reventó, compañero. Si yo fuera una mujer débil estaría botada en el suelo llorando y llamando a mi mamita cual si el dios chuck norris me hubiera bendito con una patada voladora. Como soy de hierro, en cambio, sólo le puedo admirar y reverenciar con solemne silencio. Sabio animal. Para siempre.
ResponderEliminarsabio animal, nunca esperan recibirse de hombre, sabe que nunca se consigue ese título...
ResponderEliminarMi beso pa´ usté.
El poema completo es una serie de acordes y una soberbia armonía. No es casual Brahms, el piano y el primer violín hacen eco y reviven cuatro notas que pagan una deuda apasionada.
ResponderEliminarQué placer, Leandro, qué placer descubrirte, estar acá!
(Y el dolor en el hombro es el piano)
Un beso.
SHHHHHHHHHHH GUILLERMONO DIGAS NADA,SOLO APRENDE
ResponderEliminarLo dicho.
ResponderEliminarno alcancé a comentarte en la pastillita... perdón, la paginita azul. lo leí allá y me mató allá.
ResponderEliminarlos fines de semana así son una epifanía dolorosa. pero hay algo bello en ese dolor, en esa mirada enorme y quieta. los gatos dicen demasiado.
Quejas? Quejas?
ResponderEliminarSabado 4 am,"terror a todo lo que nunca voy a saber" me gustó; también el domingo 9 am, el café, el piano allí reclamando atención, el gato (o los 10 gatos) observandolo todo... y en el fondo, la infancia. Yo decía que iba a ser Indiana Jones, jaja, nada más lejos de mi realidad y mi miedo a las alturas. Y entre paréntesis es mejor que se esconda bajo la cama y no detrás del piano, y uno, desde afuera a los gritos mientras la malcriada de la gata juega lo más campante corretiando por el piano Grrr!!!
Y, así que era un juego eso de ignorar... see, lo sufrí.
Pero bueh, muchas cosas quedan en la infancia, muchas de ellas en una distancia abismal, para algo está la poesía.
Al fin encontré dónde dejarte mi suspiro.
ResponderEliminarGenial haberte encontrado aquí.Cuánto podré disfrutar y aprender.Ese ¡Ufa! es una expresión que recuerdo con ternura,la usaba siempre mi hijo.Y del escrito me quedo enamorada de:
"Yo tuve siempre un miedo calvo y ojeroso
como el perro de Hobbes, un miedo blando y arrugado."
"Tuve miedo de mí mismo al encontrarme
hablándole a los gritos a nadie cosas que no necesitaba decir
pero que de algún modo eran anclas arrojadas sin desesperación
y sin sentido en una pecera de humo y tambores electrónicos,
en un mundo acuático sin agua, en un mundo calvo y ojeroso
como el miedo que tengo. Y ahora sé que este miedo no es otra cosa
que el terror a todo lo que nunca voy a saber."
Un abrazo de mullida ternura.
Domingo,9 am.
ResponderEliminar"No sé por qué, cada tanto, me levanto con este dolor insoportable
en la espalda. Tengo el puño de alguien
incrustado en el homóplato. Puede ser el piano.
No, últimamente mis horas de estudio se redujeron
considerablemente, me siento al piano de a ratos
dispersos y desorganizados. Debe ser la computadora, sí.
Quedarme escribiendo, leyendo, manteniendo relaciones
con una foto. Y los genes. Y el café. Batir el café."
Sabés,tengo exactamente el mismo dolor,siempre o casi siempre,parece un puñal incrustado... y tomo bastante café,no toco el piano ¡ojalá supiera! y sí, uso la compu bastante¡Gracias por el diagnóstico!¡Ahora me quedo más tranquila!de verdad.
Recién te conozco y estoy muy feliz porque eres un ser muy "rico" hablo de esa riqueza que emana de tu escritura y que evidencia tu persona por supuesto.
Puedo decir:
¡Después de leerte soy una ternura a punto de estallar!.
Dios mío!:..."la culpa es una araña
demasiado grande y quieta)".